Experiencias de Innovación

Con la convicción de que las 5C son clave en los procesos de mejora, esta escuela ha implementado su propia metodología: la MAACC. Aquí te la presentamos.

Este establecimiento educacional, que trabaja con niños de sectores vulnerables, pudo mejorar sus resultados académicos gracias a innovaciones que implementó su propio cuerpo docente, liderado por profesores que creen en los cambios a la luz de las Habilidades para el Siglo XXI.

Entre 1° y 6° básico de la Escuela San Antonio de Talca, en las salas no hay bancos mirando hacia el profesor. Hay mesas en que los alumnos se sientan en grupos de a 5 ó 6 para trabajar en forma colaborativa. Una clase de Lenguaje en 4° básico, por ejemplo, los desafía a elegir una fábula, redactarla en forma de noticia y luego mostrar el resultado al resto del curso en una exposición oral. La clase también cuenta con momentos de “pausa activa” en que los niños descansan y se reactivan a través cantos y movimientos, y con una reflexión final sobre lo aprendido.

Uno de los artífices de esta modalidad de trabajo es el director de la UTP de la escuela, profesor Horacio Pozo, un maestro que siempre ha creído que, en una clase, los alumnos deben hablar más que los profesores. Él relata que, tras una profunda reflexión y en extensas jornadas de reflexión con el equipo docente de la Escuela San Antonio, crearon la Metodología de Aprendizaje Activo, Creativo y Colaborativo (MAACC). “Esta necesidad de innovar surgió de observaciones sistemáticas sobre los bajos niveles de motivación de los estudiantes”, cuenta.

Una investigación en terreno los llevó a concluir que “el 95% de los estudiantes prefiere el aprendizaje en equipo”.

Totalmente en línea con los conceptos de las 5 competencias clave para la educación del Siglo XXI (colaboración, comunicación, pensamiento crítico, creatividad e innovación, y metacognición), esta metodología se abrió paso en la esta escuela talquina y comenzó a dar frutos con mejores resultados académicos y con alzas en los puntajes del SIMCE. Primero se formó un grupo experimental de docentes de 3° y 4° básico, quienes espontáneamente quisieron participar de estas innovaciones, y luego esta metodología se extendió a toda la enseñanza básica.

“Un aprendizaje fundamental, descrito por los docentes, es la capacidad organizativa de los estudiantes que ya han pasado al menos dos años en este sistema”, señala Horacio Pozo. Otros avances, dicen relación con “las habilidades que permiten a los alumnos mantener un mejor clima de convivencia al interior y al exterior de las aulas”, agrega el director de UTP.

Como líder de estas innovaciones, Pozo relata que la forma de extenderlas en la escuela ha sido sobre la base de la persuasión más que de la imposición. De hecho, señala, entre las acciones de más impacto figuran los talleres semanales de reflexión pedagógica entre los docentes y la participación de ellos en talleres de innovación educativa.

La Escuela San Antonio de Talca atiende a escolares de sectores vulnerables, por lo que los talleres de reflexión pedagógica se iniciaron con diálogos en torno a los mitos que impregnan a los docentes. Algunos de ellos eran: “los niños en situación de pobreza, aprenden menos”; “si los padres no apoyan, es imposible lograr buenos resultados”; “la enseñanza es transmitir contenidos”. Horacio Pozo relata que la idea fue cambiar el lenguaje por uno más positivo que realzara que “sí se puede” y que “nuestros niños están llenos de potencialidades”.

Hoy, estos talleres abordan los temas bajo la misma metodología usada por los docentes en sus clases. Es decir, tienen una planificación muy acabada y se dividen en tres partes: 1) activación; 2) trabajo de aprendizaje activo, creativo y colaborativo (Taacc); y 3) reflexión metacognitiva. “Esta última es la que ha permitido a los profesores valorar los beneficios de nuestra propuesta metodológica y, al mismo tiempo, aprender las técnicas colaborativas”, señala el director de UTP.

Este ambiente de innovación y de reflexión pedagógica permite que cada docente pueda imprimir su sello, sintiendo que hay una apertura a las nuevas ideas. Esto se logra creando las condiciones para que estos aportes puedan surgir. “La Escuela otorga el tiempo para la planificación, la creación de recursos y la evaluación”.

Nuestra propuesta metodológica deja libertad al docente para crear sus propios recursos, adaptar técnicas colaborativas y diseñar los tres momentos de la clase.

Para esta escuela es importante practicar una cultura institucional donde se valora la innovación y se la apoya con recursos de distinta índole. La congregación sostenedora de este establecimiento -Congregación Holandesa de los Hermanos de la Inmaculada Concepción de María- lleva varios años impulsando un concurso de ideas pedagógicas innovadoras a través del cual se entregan recursos para estas innovaciones.

Habilidades para un mundo mejor

En la búsqueda de las bases teóricas de su metodología (MAACC), el equipo técnico pedagógico de la Escuela San Antonio fue descubriendo la estrecha relación entre esta propuesta y la de las Habilidades para el Siglo XXI.
“Concluimos que, a partir del aprendizaje colaborativo, es posible desarrollar la creatividad, la resolución de problemas, el pensamiento crítico, el uso de tecnologías y, por supuesto, la colaboración”, señala Horacio Pozo.
Para ellos, este enfoque representa una esperanza de que el ser humano puede “crear un mundo mejor”. “La compleja red social (del mundo de hoy) exige creatividad y capacidades para resolver distintos problemas; requiere del trabajo colaborativo para encontrar las mejores soluciones, el uso de las tecnologías y la comunicación efectiva, entre otras habilidades, para construir un mundo más altruista, conectado con la naturaleza del ser humano y el medio que nos rodea”, dice el director de la UTP de la Escuela San Antonio.

Un líder mira al futuro

En la Escuela San Antonio de Talca ya están mirando las últimas tendencias educativas a nivel mundial. Están viendo, por ejemplo, que “en Inglaterra ya hay colegios en los que se ha incorporado la ‘concientización’, que son momentos de meditación en los que niños pequeños logran, por ejemplo, desarrollar su inteligencia emocional para desenvolverse mejor en los grupos humanos a los que pertenecen”, cuenta Horacio Pozo.
El director de UTP asegura que a los profesionales de la Escuela San Antonio les interesa conocer a fondo el funcionamiento del cerebro humano e incorporar los nuevos conocimientos de las neurociencias a las prácticas pedagógicas. Entre éstos, señala, “hay estudios que develan que el altruismo es una condición innata en el ser humano y que, a través de un educación personalista y competitiva, ésta se va perdiendo”.
Asimismo, y basado en nuevos conocimientos, en esta escuela se ha ido eliminando la reprobación como medio para obtener mejores resultados. “La idea es llegar a una escuela donde los estudiantes no reprueban sino que siguen un proceso de crecimiento normal, de acuerdo a las posibilidades de cada uno”.

Con su propia metodología

En la búsqueda de las bases teóricas de su metodología (MAACC), el equipo técnico pedagógico de la Escuela San Antonio fue descubriendo la estrecha relación entre esta propuesta y la de las Habilidades para el Siglo XXI.
“Concluimos que, a partir del aprendizaje colaborativo, es posible desarrollar la creatividad, la resolución de problemas, el pensamiento crítico, el uso de tecnologías y, por supuesto, la colaboración”, señala Horacio Pozo.
Para ellos, este enfoque representa una esperanza de que el ser humano puede “crear un mundo mejor”. “La compleja red social (del mundo de hoy) exige creatividad y capacidades para resolver distintos problemas; requiere del trabajo colaborativo para encontrar las mejores soluciones, el uso de las tecnologías y la comunicación efectiva, entre otras habilidades, para construir un mundo más altruista, conectado con la naturaleza del ser humano y el medio que no rodea”, dice el director de la UTP de la Escuela San Antonio.